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limbo de infrahumanidad, que en realidad es un                                                                   Renglones retorcidos
infierno. De momento, mientras tanto, la
responsabilidad hacia ellos sigue estando donde se ha     estado loco. Lo cual es una gran diferencia, pero no
querido que esté.                                         necesariamente a favor de los cuerdos. Mayor o menor,
                                                          mi locura es mi mayor riqueza; ser loco, el único
 Todos sabemos lo mucho que hay que hacer, pero ni        patrimonio que valoro. Me consta que hay un grado no
nuestros lamentos ni nuestras medallas valen de nada      menor de envidia hacia nuestra estrella en el gremio
a quien está en ese infierno particular, muchos millones  psiquiátrico, al menos en el de quienes se permiten
en este mundo, en este preciso instante, junto a          ejercer de escuchadores.
nosotros, o más bien apartados a un lado, muchos
seres humanos que viven día a día en distintos círculos             Rinoceronte con Puntillas, Dalí (Puerto Banús, Málaga)
de tinieblas, sin culpa ninguna. No hay peor castigo que
el que se vive aislado de los demás, sin comprensión,      En fin, el movimiento se demuestra andando. No se
sin consuelo…                                             adelanta nada yendo todo el día con el cilicio a cuestas,
                                                          ni se trata de ser inflexibles con nada. Quejarse sin
 Pero a la inversa, todo se transforma cuando uno se      más sirve de poco, comentar y recomentar con los que
siente acompañado. Si hay un aliado hay escapatoria,      nos rodean lo mal que está todo sin plantearse buscar
se podrá pensar en planear la fuga, que ha de haber       salidas sólo sirve para convertirnos en parte del
una salida, que algún día se acabará… A veces un          problema. Las estructuras y sistemas de las que tanto
instante es como una semilla que vale por toda una        nos quejamos están ‘jartos’ de nuestras quejas, de
vida (lo sé como sé que hoy vivo) Pero esa posibilidad    nuestros hastíos, de nuestra pereza, de que los
se mantiene cerrada desde el momento en que se te         veamos tan enormes e inamovibles…
anunció que eso tuyo es una enfermedad para toda la
vida, un defecto biológico, tuyo o de tus genes, con que   Este es nuestro barco, el de todos, y o lo hacemos
el azar quiso cargarte, y que por ello tu condena es      entre todos, o –nos- lo exigimos entre todos, o no
perpetua, ‘crónica’. Tú eres crónico.                     somos… nada. Por supuesto que los sistemas son
                                                          monstruos terribles y que anda tú a ponerle el
 Soy consciente de que todo esto puede sonar retórico     cascabel; pero en realidad, al final todo es mucho más
a los acostumbrados a la retórica, y en parte lo es (la   fácil, sólo hay que querer y creer. Porque hay un
comunicación –el intento de- con palabras tiene estas     monstruo bueno, mucho más poderoso que todos los
cosas); pero les aseguro que en demasiadas ocasiones      otros cuando, con un objetivo que merece la pena, se
es tan literal como puede serlo. Sé de lo que hablo, por  unen –o interseccionan- sus bondades: ¡viva la Gente!
propia experiencia y desgraciadamente por otras
experiencias muy cercanas. Mi ventaja es que, a            Abrazos
diferencia de otras personas mucho más meritorias, yo
sí tuve la suerte de encontrar el camino de regreso. Me
alegra poder decir aquí que un par de pistas me las
proporcionaron profesionales de la salud mental, y
también puedo decir que la química, de la que por otro
lado podría despotricar y no parar, me sirvió en
momentos concretos como muleta en que apoyarme.
Despotricar, decía, pero no en realidad de la química,
sino de los modernos alquimistas que por fin han
conseguido convertir el plomo en oro, dejándonos a
nosotros el mercurio: sus efectos nocivos a medio y
largo plazo y su toxicidad brutal, por exceso o por
defecto. Pero Mercurio también es el mensajero…

 Fue Dalí quien dijo: “La única diferencia entre un loco
y yo, es que yo no estoy loco”. A mí me gusta decir que
la única diferencia entre un cuerdo y yo es que yo he

                                                          Rehabilitación Psicosocial 2013; 10 (2): 48-52 52
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