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(02) Estudio descriptivo de la evolución exèrimentada por los usuarios del programa de promoción de la autonomía en el propio domicilio (02) Estudio descriptivo de la evolución exèrimentada por los usuarios del programa de promoción de la autonomía en el propio domicilio
La terapia de apoyo se considera esencial como cimiento para la administración de todo tipo de tratamientos
y para los cambios terapéuticos. (23,24)
La importancia que tiene la terapia de apoyo en el proceso de recuperación ha sido corroborada por algunos
estudios aleatorizados y bien controlados de larga duración que han demostrado tasas reducidas de recidivas
y un mejor funcionamiento social. (25, 26)
En el SPAPD la intervención terapéutica se centra en facilitar un espacio de relación, en la resolución de los
problemas que surgen en la vida diaria, y en la confrontación con la realidad mediante las interacciones per-
sonales, con un enfoque directivo, pero basado en la empatía, la comprensión y el refuerzo positivo, por parte
del profesional.
El encuentro intersubjetivo se considera vertebrador de la práctica asistencial y como herramienta terapéutica.
Esta relación de ayuda es facilitadora de procesos terapéuticos si se trata de una relación emocional significa-
tiva, siendo esto posiblemente independiente de la técnica empleada y de la duración del proceso en sí, y que
permite que el vínculo establecido con el profesional facilite, a través de la repetición y la reflexión conjunta de
las emociones y vivencias, la modificación parcial de la representación interna del self. (27)
Bowlby conceptualizó el término “base segura”. Ésta representa las condiciones creadas en el vínculo con fi-
guras de apego seguro, las cuales proporcionan la confianza necesaria desde la que operar. Dicho vínculo se
puede generar en entornos asistenciales y terapéuticos, individuales o grupales. “Los seres humanos son más
felices y pueden desarrollar mejor sus capacidades cuando piensan que, tras ellos, hay una o más personas dignas de
confianza que acudirán en su ayuda si surgen dificultades”. (28)
Las relaciones empáticas que tengan en cuenta las necesidades y anhelos de las personas, más allá de la sin-
tomatología y los diagnósticos, la participación de usuarios y familiares en el diseño de planes e intervenciones
permite empoderar a muchas personas. (29) Así mismo, el aumento de la confianza en uno mismo, permite
mejorar sus competencias sociales. (30)
En la realidad del día se constata la relativa insuficiencia de los recursos residenciales para adecuarse a la gran
complejidad de los perfiles de pacientes que hay que atender y sus diferentes niveles de necesidades (capa-
cidad para la realización de AVD, funcionamiento social, estabilidad psicopatológica, atención especializada
a problemas de salud general).
Es aconsejable que los recursos de vivienda centren su atención en la interacción entre la persona atendida y
su contexto, activando los recursos personales del individuo y los recursos comunitarios en aras de conseguir
la máxima autonomía posible.
Siempre que sea posible debería favorecerse la elección de aquellos recursos o lugares donde la persona
desee vivir, atendiendo al derecho a contar con la oportunidad de hacerlo en un entorno lo más normalizado
posible, articulando los programas de entrenamiento necesarios y ofreciendo el apoyo preciso para que pueda
acceder y mantenerse en dicho entorno.
Así pues, el SPAPD es un muy buen recurso para dar respuesta a las necesidades de lugares de vida en perso-
nas con TMG. Basado en la atención individualizada, donde se involucra a la persona usuaria en su proceso de
mejora en la autonomía, considerando tanto sus punto débiles como sus capacidades en un ambiente seguro
como puede ser su propia domicilio permite una serie de beneficios respecto a otros dispositivos de lugares de
vida, como: la promoción de roles comunitarios en ambientes normales versus el rol del paciente o beneficiario
de un servicio residencial; la mayor posibilidad de participación y control de sus actividad diaria por parte de
las personas atendidas en el SPAPD frente al control unilateral desde el equipo asistencial; la integración social
normalizada versus agrupamiento por etiquetas psiquiátricas o por discapacidades; el entrenamiento “en vivo”
y su flexibilidad e individualización en el apoyo versus niveles estandarizados y predeterminados de atención.
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