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López M, et al. Evaluación del Programa residencial para personas con trastorno mental severo en Andalucía (I):
descripción general del programa y del estudio
Enfoques alternativos de los programas Evolución de los programas residenciales
de apoyo social En la mayoría de los países con sistemas consolidados de
atención comunitaria en salud mental, los programas resi-
Un primer aspecto a considerar es la existencia, en socie- denciales han experimentado una evolución básicamente si-
dades democráticas, de alternativas diferenciadas con respecto milar6,9,11,14-16,18-20,33-36, que afecta paralelamente a los
tanto a la consideración general de los problemas que afec- principios de funcionamiento, a la tipología de dispositivos
tan a las personas con trastornos mentales graves, como a la y a la de usuarios de los mismos.
orientación y organización de las distintas intervenciones
públicas que cabe hacer para intentar resolverlos. Así, desde una situación inicial en que el alojamiento
era una prolongación de la atención sanitaria, que busca-
Así, por un lado, siguen funcionando bajo nuevas for- ba (bajo el nombre de“estructuras intermedias”, casas “a
mas los mecanismos tradicionales de exclusión, que buscan medio camino”, dispositivos de entrenamiento, o similares)
apartar de la vida social a personas que se siguen viendo espacios alternativos al hospital psiquiátrico o lugares pa-
como diferentes, raras y peligrosas, lo que hace a veces di- ra intervenciones terapéuticas y rehabilitadoras17,19,21,28,37-42,
fícil diferenciar, en las demandas de atención residencial se fue pasando progresivamente a la provisión de aloja-
(de profesionales y no profesionales), la preocupación real mientos, considerados como “lugares donde vivir”43, con
por los pacientes, de las tendencias que estaban y están en la el mayor nivel de normalidad y autonomía posible.
base de la pervivencia de instituciones de custodia4,6,9,10,29.
Pero también, desde esa nueva perspectiva, se produce
Pero, además, desde enfoques alternativos a ese modelo una evolución desde un modelo de continuum residencial
de custodia, cabe señalar también dos visiones contrapues- que contempla la necesidad de distintos tipos de aloja-
tas4,9,10,29-32, según se enfatice la caracterización de estas per- mientos, graduados según niveles de apoyo, e itinerarios
sonas como “enfermos”, afectados por un problema de salud programados para cada usuario hacia niveles de mayor au-
y susceptibles por tanto de atención sanitaria, ocasionalmente tonomía, a otro de “apoyo residencial”, que da mucho más
complementada por distintas intervenciones de apoyo so- peso a las preferencias personales, fomenta la utilización de
cial; o, alternativamente, se las vea como miembros de un co- la vivienda propia y pone en juego mecanismos de apoyo fle-
lectivo que vive una situación social desfavorable (formalmente xibles y adaptados a la diversidad de necesidades de las
de “exclusión social”) y que exige, por tanto, intervenciones personas afectadas6,9,11,18,33,35,43.
sociales en sentido amplio, entre las que pueden incluirse al-
gunas de tipo sanitarioc. Visiones contrapuestas que cabe Paralelamente se produce una evolución en la tipología
contemplar también, esa es al menos nuestra posi- de residentes, con la transición desde una población inicial de
ción4,9,10,29,31, desde una alternativa integradora, la de la sa- personas con largos períodos de institucionalización y si-
lud mental comunitaria, enfatizando su condición de tuaciones bastante homogéneas, a un abanico más amplio
ciudadanos, con dificultades múltiples (enfermedad, disca- que combina personas con diferentes niveles de autonomía
pacidad, barreras sociales) que exigen acciones intersecto- /dependencia, diferentes situaciones familiares y mucho
riales, por parte de redes coordinadas de servicios, con más diversas procedencias6,9,11,12,17,18,20,38,44-48.
orientación rehabilitadora y de “recuperación”.
Tipología y dotación de dispositivos
De hecho, la justificación de este tipo de programas (co-
mo en general la del conjunto de intervenciones de apoyo La información disponible sobre distintos países mues-
social) es doble9. Por una parte, en la medida en que dis- tra grandes variaciones, tanto en el número como en la ti-
ponemos de evidencia acumulada sobre su utilidad para me- pología de estructuras o dispositivos que componen sus
jorar, en grados diversos, la estabilidad clínica, el programas residenciales9,14,20,24,49. Lo cual hace compleja la
funcionamiento social, las redes sociales y la satisfacción de tarea de extraer, de esas distintas experiencias, elementos que
sus usuarios, además de contar con abundantes ejemplos de incorporar a nuestro trabajo, en un contexto bastante di-
la utilidad de un alojamiento para el control de la medica- ferente de la mayoría de los que podemos considerar como
ción y la rehabilitación (aunque solo sea mediante el apren- referencia.
dizaje in vivo de conductas útiles para la vida en la
comunidad). Y, por otro, en la medida en que supone un Con respecto al primer aspecto, hemos insistido en otras
elemento clave para asegurar su permanencia activa en la co- ocasiones4,6,9,10 en las dificultades metodológicas, aún no
munidad, satisfaciendo una necesidad vital importante, resueltas, que afectan a la posibilidad de efectuar una co-
que afecta a sectores minoritarios pero significativos del rrecta estimación de necesidades de plazas, dificultades que
colectivo de personas con trastorno mental grave18,29. traducen la extraordinaria complejidad del tema. Así14,20,49-52,
son complicados y costosos, además de discutibles en no
cSi se hacen desde un enfoque que subordina el control de síntomas y/o pocos aspectos, los procedimientos de estimación de la pre-
conductas disruptivas o molestas, a objetivos de rehabilitación e inclusión valencia de personas con trastornos mentales graves, y no dis-
social10 y no al contrario.
4 Rehabilitación psicosocial. 2005; 2(1):2-15

