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López M, et al. Evaluación del Programa residencial para personas con trastorno mental severo en Andalucía (III):
características sociodemográficas, clínicas y de uso de servicios de los residentes
bién en las imprecisiones que afectan a las variables cifras do con respecto al diagnóstico y a las diferencias de ingre-
de prevalencia publicadas28, su escasa representación en el sos económicos que siguen indicando umbrales de pobre-
programa b sería producto, en nuestra opinión, de dos za muy diferentes según los países, hay, al menos, que hacer
tipos de consideraciones, una referida a las personas con referencia a la edad y al sexo. En el primer caso, porque la
esquizofrenia (y similares) y otra a las que presentan es- edad de nuestros residentes parece intermedia entre las
te tipo de trastornos de personalidad. Así, por una parte, poblaciones asiladas y las comunitarias8,16,18,24-26,32-34, y
se considera prioritaria la atención residencial a perso- en el segundo -el sexo- porque, aunque es común una in-
nas con esquizofrenia, dada su importancia cuantitativa y frarrepresentación femenina, tanto en poblaciones aten-
sus múltiples dificultades, no sólo clínicas sino sociales, didas por servicios de salud mental para este tipo de
además de constatar la positiva evolución que presentan diagnósticos, como entre las personas que utilizan progra-
con un tratamiento adecuado y una buena atención resi- mas residenciales, esta es especialmente llamativa en nues-
dencial7-11,13,15,29. Aspectos que contrastan con las difi- tro caso. Se muestra ahí una “peculiaridad” que parece
cultades de tratamiento general de las personas con propia de nuestro país y para la que no contamos aún con
trastorno límite y, especialmente, antisocial, para las que no una explicación completa y definitiva, más allá de la refe-
parece haber aún un consenso razonable sobre tratamien- rencia, razonable pero poco precisa, al todavía diferente
tos basados en algún tipo de evidencia empírica30, y cuya in- papel social de la mujer en una sociedad como la nues-
tegración en programas residenciales parece cuando menos tra37.
exigir condiciones muy específicas31, bastante diferentes
de las usuales en la atención residencial de personas con es- En concreto, la comparación con datos de personas aten-
quizofrenia (además de la impresión, no comprobada ex- didas en servicios de salud mental36,37, indican que los
perimentalmente pero bastante plausible, de que hay una usuarios del programa residencial son una muestra clara del
especial incompatibilidad entre ambos tipos de usuarios). perfil de personas con este tipo de problemas en los servi-
Consideraciones que parecen comunes en buena parte de cios sanitarios de Andalucía, con datos socioeconómicos
los profesionales de salud mental (que son los que derivan (además de los funcionales y de redes sociales que en su mo-
pacientes al programa) y que, básicamente, compartimos, mento veremos) que parecen justificar su atención en la red
aunque el tema merece una discusión más detallada, que residencial.
aquí no podemos hacer, como base para una estrategia fu-
tura en este campoc. Los datos reflejan también la evolución de las tipologías
y procedencias de los residentes1,4,6 de este tipo de progra-
Hay que señalar también la discutible presencia de per- mas, desde las primeras experiencias ligadas a procesos de
sonas con edades que permitirían el acceso a prestaciones reubicación en la comunidad de residentes de instituciones
residenciales generales (personas mayores de 60 años), asilares25,26,32, a programas dentro de modelos comunita-
siendo criterio actual de la FAISEM4 el de analizar caso a ca- rios más consolidados. Así, ya en nuestro caso, el porcen-
so esas situaciones, intentando impulsar el paso a disposi- taje de personas procedentes de un hospital psiquiátrico
tivos generales, siempre que sea posible, pero sin disminuir resultaba ya claramente minoritario en 2001.
las posibilidades de integración social ni la calidad de vida
del usuario. También se repite aquí la información, parcialmente
contradictoria con el modelo funcional previsto4 (rotación
Por otra parte, el perfil general de la población con edad progresiva hacia dispositivos de menor nivel de supervisión
madura, mayoritariamente sin pareja y con pocos ingresos y apoyo), referida a la tendencia a permanecer en el dispo-
económicos y bajo nivel cultural es común (con ligeras va- sitivo de entrada al programa, aspecto que ya hemos co-
riaciones) al de las poblaciones que, en el sistema anterior, mentado en el artículo referido a los dispositivos2.
permanecían en las unidades de larga estancia de los hos-
pitales psiquiátricos, y no muy diferente del conjunto de per- Como ya hemos mencionado en la metodología, no dis-
sonas con trastorno mental grave y mayores dificultades de ponemos de datos sobre situación psicopatológica, más
atención, en servicios de salud mental, tanto en Andalucía allá del diagnóstico, dada la escasa cumplimentación de la
como en otros lugares del mundo32-38. Como ya hemos escala HONOS dentro de los protocolos de derivación (en
comentado, no hay muchos datos sobre características de general en todo el sistema de información del Servicio An-
usuarios de otros programas residenciales3,8,9,18,22-27, pero daluz de Salud [SAS]). Alguna referencia nos darán los da-
los que hay no difieren mucho de los nuestros, aunque con tos de la escala de conducta social (SBS), por lo que
algunos matices significativos. Así, además de lo ya señala- volveremos sobre el tema en el siguiente artículo20. Tam-
poco obtuvimos datos sobre consumo de sustancias gene-
b Aunque, con criterios diagnósticos más amplios, es probable que su ci- radoras de dependencia, correlato creciente del cambio de
fra aumentase. perfiles de usuarios manifestado en repetidos estudios1,6.
c Estrategia que habrá que definir a no muy largo plazo, pero que impli- Como información adicional podemos ofrecer los datos
ca de manera muy directa a los servicios sanitarios. de un estudio específico sobre el tema, realizado en el pri-
mer trimestre de este año y que se resume en la tabla 10.
36 Rehabilitación psicosocial. 2005; 2(1):28-39 Podemos ver en él cómo el consumo no esporádico de sus-

