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Marcelino López, Luis Fernández y Margarita Laviana

esfuerzos intersectoriales para permitirles una vida ciuda-       rutina y endeble fundamentación científica y técnica de no
dana autonoma y satisfactoria1, 4. A su vez, si usamos la         pocas de sus prácticas profesionales y, en ese sentido, la
palabra rehabilitación para identificar un específico nivel       necesidad de evaluación no deriva ni única ni principal-
de cuidados, la vivienda sigue siendo un area clave para la       mente del interés de «administradores» y «políticos», res-
atención comunitaria, prolongando la atención sanitaria y         ponsables ante los ciudadanos a la hora de pedir cuentas de
enlazando con la integración social, en tanto que garantía        nuestro trabajo, sino que debería ser una exigencia coti-
de permanencia activa en el entorno comunitario1, 2.              diana del conjunto de los y las profesionales 7, 21, 27. De
                                                                  hecho, en el nivel «macro», la evaluación de nuestras
   Pero también si hablamos, en un nivel más concreto, de         intervenciones no solo debe incorporar plenamente esa exi-
programas específicos de rehabilitación1, 21-24, hay que incluir  gencia «externa» sobre el uso de recursos públicos, sino
el ámbito residencial aunque solo sea por las posibilidades       que tenemos que considerarla como un insustituible meca-
que ofrece para el entrenamiento, «en vivo», en el ejerci-        nismo de aprendizaje y autocorrección, que debe formar
cio de muchos hábitos necesarios para la recuperación y la        parte indisociable de todas y cada unas de nuestras actua-
vida ciudadana. Y, finalmente, si hacemos referencia a ser-       ciones27.
vicios o dispositivos, también los programas residenciales
deben contar con espacios propios, al menos en una parte             Y, por otro lado, en el nivel «micro», necesitamos iden-
de sus componentes, además de relacionarse estrechamen-           tificar y medir con el mayor rigor posible distintos aspec-
te con los espacios específicos de la rehabilitación sanita-      tos individuales sobre los que vamos a trabajar. Y ello,
ria2, 9, 11.                                                      tanto para programar de manera especifica nuestras inter-
                                                                  venciones, como para comprobar los resultados concretos
La evaluación en el marco de programas de                         de las mismas sobre las personas a las que pretendemos
intervención sanitaria y social                                   apoyar25, 26.

   Por su parte, hablamos de evaluación como un aspecto              Sin embargo, las dificultades reales del tema no deben
esencial de todos los programas de intervención sanitaria y       ser obviadas, ni con carácter general, dada la persistencia
social, especialmente en este marco de atención comunita-         de problemas conceptuales, metodológicos e instrumenta-
ria, que enfatiza el carácter tecnológico y ya no artesanal de    les diversos, ni, de manera específica en nuestro país, que
las intervenciones1, 7. Evaluar significa así incorporar          sigue teniendo un evidente retraso en el desarrollo de este
metodología científica y procedimientos técnicos acredita-        tipo de programas y un todavía escaso énfasis en la aplica-
dos, al menos en relación con los dos aspectos básicos,           ción de metodologías de evaluación.
interrelacionados pero diferenciados, a los que hemos
hecho referencia anteriormente.                                      Ante ello, en primer lugar, parece que es preciso un
                                                                  esfuerzo por «desacralizar» el tema7. Aunque la evaluación
   Sobre la base de un significado común (valorar un              es un campo de desarrollo con aspectos complejos y meto-
aspecto o una situación comparándola con otra que toma-           dológicamente sofisticados, también tiene dimensiones
mos como referencia o estándar), se puede pretender, en un        cotidianas compatibles con la práctica habitual de los pro-
sentido más general, evaluar el programa o, en un sentido         fesionales, si se hace un pequeño esfuerzo de sensibiliza-
más concreto, algunas características de las personas que lo      ción y aprendizaje metodológico. En realidad, incluso
utilizan25. Es decir, por un lado, se trata de valorar en que     incorporando aspectos de investigación (en definitiva
medida el programa cumple sus funciones, desarrollándo-           intentar dar respuesta de manera sistemática a preguntas
se según lo previsto en términos de estructuras y funcio-         de interés para nuestra práctica), bastantes aspectos de la
namiento y, a través de ello, en que medida alcanza los           evaluación de lo que hacemos deben formar parte de nues-
resultados para los que se estableció8, 25. Y, por otro, para     tras intervenciones y pueden cubrirse con un cierto rigor,
que el programa funcione se necesita hacer valoraciones           pero no necesariamente con procedimientos excesivamen-
sobre distintos aspectos de las personas a las que atiende,       te complejos.
para determinar, por ejemplo, quien necesita acceder y
permanecer en él, cuales son las necesidades concretas que           En segundo lugar, habría que recordar algunos elemen-
se deben cubrir y en que medida la atención dispensada            tos de metodología general que pueden sernos útiles,
contribuye a satisfacer de manera correcta esas necesida-         adaptándolos a nuestro peculiar campo de trabajo. Así, en
des8, 25, 26.                                                     lo que respecta al programa, parece necesario tener en
                                                                  cuenta algunos aspectos que nos limitamos a enumerar
   Aspectos del funcionamiento individual que permiten            como mero recordatorio y cuya descripción detallada
también dar respuesta a algunas de las preguntas que              puede obtenerse de cualquiera de los textos o manuales
debemos hacernos para la evaluación del programa y sus            generales disponibles25, 28-31.
distintos componentes e intervenciones.
                                                                  a) Los tres «niveles» o «dimensiones» clásicas de la eva-
   La importancia de la evaluación es, en ambos sentidos,              luación, referidos por los términos estructura, proceso
cada vez más evidente, aquí como en muchos otros campos                y resultados. Cada uno de ellos remite a procedimien-
de la intervención sanitaria y social, especialmente cuando            tos distintos, como son el seguimiento o monitoriza-
se trata de servicios que, por un lado, atienden a personas            ción de las actividades relevantes del programa
concretas y, por otro, consumen recursos públicos, habi-               mediante un sistema de información con indicadores
tualmente escasos y susceptibles, por tanto, de usos alter-            periódicos, la definición de estándares de calidad en
nativos que deben justificarse razonablemente. En general,             una serie de dimensiones o criterios clave para esta-
la atención comunitaria en salud mental necesita una apro-             blecer la estructura y funcionamiento deseables en
ximación tecnológica que supere el exceso de artesanado,               distintos dispositivos e intervenciones, y la evaluación
                                                                       de resultados propiamente dicha. Siendo, sin embar-
                                                                       go, este último nivel el que puede permitir dar res-

196 Evaluación en Rehabilitación Psicosocial
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