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Juan Fernández Blanco
basan las técnicas que más se utilizan cuando se interviene cual, es difícil cuestionar que la evaluación en rehabili-
en este campo. Como ejemplo basten las que a continua- tación sea una evaluación de la funcionalidad del com-
ción se enumeran: el modelado, el moldeamiento, el enca- portamiento en el entorno comunitario (una evaluación
denamiento de estímulos, el control de estímulos, la conductual y funcional). Al serlo, las praxis rehabilita-
desensibilización, los contratos de contingencias, el mane- doras que de ella se deducen, en esencia, no son otra
jo de operantes de refuerzo y de extinción, el desvaneci- cosa que operaciones sobre el comportamiento huma-
miento progresivo de contingencias de control, la resolu- no. Para poder evaluarlo con rigor técnico, habrá que
ción de problemas, el tiempo fuera y la economía de fichas. recurrir a la disciplina o saber cuya génesis y desarrollo
categorial está gnoseológicamente unido a su estudio.
Si al fin y a la postre lo que se evalúa (se analiza funcio- Por eso lo riguroso y eficaz es evaluar la conducta desde
nalmente) son conductas determinadas ambientalmente la psicología, disciplina o saber en el que se encuentran
de acuerdo a parámetros socio-normativos, lo que se está las leyes (del aprendizaje), los principios (de la modifi-
haciendo es perseguir el control de los repertorios conduc- cación de conducta) y la metodología (el análisis fun-
tuales, histórico-singulares, de cada persona evaluada. cional) que hace posible tal evaluación. Si la evaluación
Luego entonces, cada evaluación ha de ser una evaluación es conductual y funcional ha de ajustarse siempre a
personalizada, individualizada. Por lógica, el diseño que cada individualidad particular. Al ser así, no cabe más
interesa, dado que todas las personas son casos únicos, es que reconocerla situada en un plano idiográfico, que es
intrasujeto y no intersujeto. el plano en el que se sitúan las evaluaciones centradas
en la realidad concreta de una persona.
Los argumentos que se han ido exponiendo, llevan a adje-
tivar esta evaluación como evaluación idiográfica. El adjeti- 5. Fases del proceso evaluador: evaluación
vo está usado con pertinencia cuando evaluar supone aplicar inicial y evaluación continua
un modelo en el que se da cuenta de las relaciones causales
(funcionales) de la conducta de una persona. Si se habla de Evaluar no es aplicar protocolariamente un conjunto de
evaluación idiográfica, se habla de evaluación intrasujeto. pruebas y procedimientos estáticos, recortados en el tiem-
po y que tienen sentido en si mismos. Evaluar no es una
Como es sabido, el concepto idiográfico es antinómico del ocurrencia aislada en la que se eleva a ceremonia, el ritual
concepto nomotético*. La metodología idiográfica se dirige de investir de solemnidad fútil la aplicación mecánica y
al caso individual para analizar conductas, como patrones de estereotipada de instrumentos esclerotizados. Procediendo
respuestas específicos ante situaciones determinadas, en tér- de este modo, se condena la evaluación a un mero y obli-
minos de antecedentes y consecuentes ambientales, la meto- gado trámite poco más que burocrático. Trámite que de
dología nomotética considera que son los factores personales facto, termina vaciándola de sentido y ocluyendo su
los que juegan un papel predominante sobre los factores del importancia trascendental.
ambiente. Fuentes Ortega12-13-14-15 lo razona impecablemen-
te. El análisis funcional al adolecer de factura lógica «gene- Yerra quién sostiene que una vez aplicadas pruebas y
ral» no es nomotético. No lo es ni apelando a la lógica gene- procedimientos, la evaluación toca a su fin. El error nace
ral en sentido fuerte, como universalidad hipotético-deduc- de ignorar que la evaluación ha de mantenerse mientras
tiva, ni en sentido débil, como generalidad empírica. Sí es dure la intervención. Esto es así ya que la configuración de
idiográfico al situarse en una lógica de factura histórico-con- una intervención encuentra su génesis en los resultados a
creta o histórico-singular. Lógica que lleva a dar cuenta de los que se llega evaluando.
aquello que es propio de cada individuo y por tanto lo dis-
tingue de todos los demás. Evaluar es un proceso analítico no especulativo, siste-
mático no anárquico, continuo no puntual y riguroso no
Hacer una buena evaluación en rehabilitación psicoso- impreciso. Como proceso, cursa en una serie ininterrum-
cial pasa por obviar el interés en evaluar constructos, pro- pida de exploraciones contextuales de repertorios de con-
pio de los métodos nomotéticos, utilizando instrumentos ducta. Siendo de este modo, no ha lugar recortarlo a un
que permitan obtener puntuaciones normativas. De lo que periodo predefinido por un protocolo estandarizado.
se trata, cuando se evalúa con acierto, es de analizar, de
forma específica (funcionalmente), la conducta como ope- Es primordial destacar la idea de evaluación como pro-
rante emitida en contextos sociocomunitarios estructura- ceso longitudinal que a través de dos fases básicas, da
dos morfosintácticamente. De esta aproximación idiográ- cuenta de su objetivo. Estas fases serían, la evaluación ini-
fica han de surgir hipótesis explicativas de cómo ciertos cial y la evaluación continua.
eventos controlan funcionalmente la conducta evaluada
con un valor determinado (determinación funcional).
A modo de conclusión diríamos que, no es posible a. Evaluación inicial
evaluar en rehabilitación psicosocial sin analizar fun-
cionalmente las interacciones del individuo con el La evaluación inicial supone una primera aproximación
medio (las conductas). Tales interacciones del rehabili- a la problemática. Es el primer nivel de análisis y por tanto
tando, entendido como sujeto que se comporta, son las preludia la totalidad del proceso evaluador. Pretende hacer
habilidades y capacidades de las que habla cualquiera una primera recogida de información para delimitar el
que se acerque al problema de la evaluación. Por lo problema.
* Tal contraposición fue acuñada por el filósofo alemán Windelband en el discurso de Estrasburgo2 Más información en: G Bueno «Individual, idiográfico»
(http://www.nodulo.org/ec/2006/n056p02.htm), El Catoblepas, n.º 56, octubre 2006, pág. 2. Y también en G Bueno10.
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