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López M et al. Intervenciones no voluntarias en salud mental. Consideraciones sobre la propuesta de autorización judicial del tratamiento
ambulatorio involuntario
Estos aspectos determinan grados diversos de coacción de tratamiento ambulatorio6,10,35. Y éste es un tema obje-
«objetiva» sobre la persona afectada por el problema, con to de importantes debates, tanto en los países y sistemas que
importante variabilidad según los distintos sistemas y pro- lo tiene establecido como en los que, no teniéndolo, se
fesionales y de los cuales sólo una pequeña parte suele ser asiste a crecientes intentos de aplicación3,6,10,37,41-51.
objeto de algún tipo de regulación legal34.
Los mecanismos que se incluyen bajo este y otros térmi-
Pero además de ese componente «objetivo», esas medi- nos similares son dispares en relación con los objetivos bá-
das son percibidas de modo también variable por las per- sicos perseguidos (evitar o reducir la duración de la
sonas que las sufren y esa percepción subjetiva, no siempre hospitalización, evitar recaídas, prevenir episodios de vio-
coincidente con la objetiva ni con el estatus legal que la lencia), los criterios de inclusión y exclusión, los mecanis-
cubre, debe también tenerse en cuenta por sus implicacio- mos de intervención concreta (especialmente si incorporan
nes a corto y largo plazo10,33,34. o no procedimientos de atención intensiva, así como si
implican o no la administración forzada de medicación) y
A ese respecto, aunque hay pocos estudios metodológi- algunos otros aspectos concretos sujetos a regulación (quién
camente correctos sobre efectos de las distintas formas de decide la aplicación, cuánto dura, etc.)3,6,10,37,41-51.
coerción, hay algunos que empiezan a dar información al
respecto a partir precisamente de la valoración de esos as- Los debates versan sobre aspectos morales y «políticos»,
pectos subjetivos del proceso, lo que se denomina «coerción pero también sobre los referidos a la efectividad real y las
percibida»10. consecuencias a medio y largo plazo, con posiciones en
parte similares y en parte diferentes de las que afectan a otros
Así, por un lado parece que hay una clara asociación en- componentes coercitivos de la atención en salud men-
tre el grado de «coerción percibida» y algo que se ha deno- tal10,37,41-51. Así, por un lado, los partidarios de esta forma
minado sensación de «justicia procedimental», que incluye de intervención ponen por delante los valores de la salud de
aspectos como el convencimiento de interés real, la sensa- la persona y de la protección del entorno próximo, así co-
ción de «limpieza» y respeto personal, la posibilidad de mo su certidumbre de que estas intervenciones redundarán
discusión o el grado de franqueza en la explicación de las de- en mejoras suficientes para justificar la violación de dere-
cisiones10,33,39, aunque no sean compartidas y deban ser chos individuales, por otra parte ya de por sí alterados por
obedecidas bajo alguna forma de coacción. Y también, por el efecto incapacitante de la enfermedad. Y sus adversarios
otro lado, con las formas de presión concretamente emple- aducen, por el contrario, los posibles efectos negativos a lar-
adas, según se basen fundamentalmente en medidas «posi- go plazo (rechazo posterior a la atención prolongada, efec-
tivas» (persuasión, influencia) o «negativas» (obligación, to disuasorio sobre otros pacientes así como sobre el estigma
violencia)10,40. En conjunto, lógicamente, la «coerción per- social) que, en su opinión no justifican el grave atentado a
cibida» aumenta en relación inversa a la «legitimidad» que la libertad individual que suponen. Los primeros pretenden,
se percibe en la medida y en relación directa al empleo de además, que esta modalidad de intervención sea menos
formas más «negativas»10. agresiva que la hospitalización involuntaria (a la que, sin em-
bargo, la mayoría nunca había criticado hasta ahora), mien-
A su vez, el grado de «coerción percibida» parece corre- tras los segundos enfatizan, al contrario, su carácter de
lacionarse igualmente con algunos resultados a largo pla- extensión del ámbito coercitivo y su mayor duración, sus-
zo10,31,40, en concreto con indicadores de las actitudes hacia ceptible además en ocasiones de prolongación con límites
el servicio, el uso posterior del mismo, las expectativas so- imprecisos (por renovación sucesiva del mandato).
bre el tratamiento o incluso la evolución de la propia sin-
tomatología. Pero, paralelamente al debate moral, los argumentos ha-
cen referencia a cuestiones «de hecho» (los efectos reales po-
Los tratamientos ambulatorios sitivos y negativos de estas intervenciones) que exigen ser
involuntarios y su efectividad real dirimidas teniendo en cuenta información empírica rigu-
rosa. Y ahí, pensemos lo que pensemos sobre el peso rela-
Los tratamientos ambulatorios involuntarios son, por tivo de valores como la salud, la seguridad y la libertad, las
decirlo así, la última novedad en el campo de las interven- conclusiones extraíbles de la investigación evaluativa es-
ciones aplicadas sin el consentimiento de las personas con tán todavía muy lejos del optimismo que suelen exhibir
graves problemas de salud mental. Así, si bien prácticamen- los defensores de estas medidas.
te todos los sistemas de atención incorporan alguna regula-
ción legal de tratamientos hospitalarios involuntarios6,10,33,38 De hecho, hasta hoy, además de un conjunto variopin-
y, de una u otra manera, con o sin regulación legal, aplican to de estudios de muy discutible valor por sus deficiencias
en mayor o menor medida procedimientos coactivos duran- metodológicas51 (ausencia de grupos control con asignación
te la hospitalización6,10,21,35, sólo algunos países han ex- aleatoria, sesgos de selección, imposibilidad de separar el
tendido sus regulaciones legales hasta incluir alguna forma efecto de la intensidad de la atención y de la obligatoriedad
propiamente dicha, número reducido de participantes,
32 Rehabilitación psicosocial. 2007; 4(1):28-36 abandonos no controlados, etc.), hay sólo dos estudios,

