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López M et al. Intervenciones no voluntarias en salud mental. Consideraciones sobre la propuesta de autorización judicial del tratamiento
ambulatorio involuntario
ticos de psicosis. A ese respecto, hay que tener en cuenta que tervenciones o conflictos de intereses (profesionales, fami-
estamos hablando de trastornos que suponen afectaciones lias, pacientes, sociedad) en los que, bajo el manto formal
de gravedad en distintas áreas del funcionamiento personal de la atención sanitaria y el cuidado humanitario, aparece de
y las relaciones sociales, con alteraciones variables del «sen- nuevo la presión por cumplir esa función de control so-
tido de realidad» y, en bastantes ocasiones, con dificultades cial15,16.
para entender y compartir nuestra visión de la enfermedad
y sus necesidades de atención. Son discrepancias que se Es por todo eso por lo que los temas relacionados con la
ven agravadas por los efectos, cuanto menos desagrada- aceptación o no de los tratamientos e intervenciones exigen
bles, de gran parte de los tratamientos farmacológicos que una cuidadosa valoración moral y tecnológica. A ese respec-
utilizamos, así como por las repercusiones que el recono- to, y para terminar con las referencias históricas, merece la
cimiento como enfermo y el tratamiento en salud mental pena recordar los párrafos dedicados por Michel Fou-
siguen teniendo sobre el estigma social que les afecta13. cault14,19 a analizar la transición entre las cadenas y la ca-
misa de fuerza, como un paso desde el «simple» castigo a
A estas dificultades hay que añadir la posibilidad ocasio- una más «elaborada» función pedagógica, adaptada a la
nal de conductas de riesgo para sí mismo y para los otros, así consideración teórica de la «alienación de la libertad» co-
como la frecuencia de divergencias y relaciones anómalas en mo característica de la condición última del enfermo men-
el seno del medio familiar, con negativas consecuencias pa- tal. No hay más que seguir la serie, enlazándola con las
ra el paciente, pero también para sus allegados. justificaciones, en términos de un supuesto mecanismo
psicológico de «contención», para la más moderna tecno-
Pero además hay un segundo tipo de factores a tener en logía de sujeción y comprobar cómo varían las justificacio-
cuenta, como son los referidos al carácter también peculiar nes para mantener una misma práctica social, la de atar a
de los sistemas de atención en salud mental (y de la discipli- una persona a la cama, cuando no sabemos, podemos o que-
na que durante tanto tiempo ha venido ocupando un lugar remos manejar de otra manera determinadas conductas21-23.
central o casi único dentro de esos sistemas, como es la Psi- Y tampoco está de más recordar, a este respecto, el análisis
quiatría). Son sistemas que se sitúan a caballo entre verda- más general de Robert Castel sobre el «consenso práctico»
deras estructuras de atención a las personas con problemas o «eclecticismo terapéutico» de los profesionales, con muy
y meros mecanismos de control social de las conductas, distintas concepciones teóricas (en su caso «somaticistas»
consideradas desviadas o peligrosas, de dichas personas14-16. frente a «psicologistas» del siglo XIX) pero intervenciones co-
munes, más dependientes de «la actitud frente a la locura
Este último es un aspecto sobre el que parece reinar un que frente al saber médico»18.
cierto «olvido», que contrasta con la importancia de los
debates críticos de los años sesenta y setenta dentro y fue- Por eso también, al final de este excesivamente breve re-
ra del campo profesional de la salud mental. Así, aunque paso a un aspecto aparentemente olvidado de nuestra prác-
muchas de las formulaciones concretas de dichas críticas ne- tica profesional, pensamos que sigue teniendo sentido
cesitarían sin duda ser revisadas actualmente, merece la pe- repetirse la pregunta que, en el contexto de los años sesen-
na volver a releer a algunos clásicos de la Sociología, la ta, se hacía Klaus Dörner, al final de su todavía provecho-
Historia o la Psiquiatría crítica de aquellos años14-20 e inten- so libro sobre la historia social de la Psiquiatría: «¿ciencia de
tar aplicar algunos de sus análisis a la situación actual de emancipación o de integración?»20. Pregunta que, aunque
nuestras disciplinas y sistemas de atención. debamos formular en otros términos, sigue estando hoy en
la base de nuestras opciones morales en tanto que profesio-
Hay que recordar así la estrecha relación entre la Psi- nales de la atención sanitaria y social a personas con tras-
quiatría y las instituciones asilares14-19 y el hecho histórico tornos mentales graves15,16.
de que «primero se encierra a los locos y luego se buscan las
explicaciones que pudieran justificarlo»14, para tener pre- La atención comunitaria a personas
sentes las funciones de control social y no sólo de aten- con trastornos mentales graves
ción sanitaria que el «mandato social» ha impuesto e intenta
seguir imponiendo a nuestras profesiones y estructuras de Pero analizar el papel de las intervenciones no consenti-
atención. Esa «dualidad paterna y patronal» que Benedet- das implica también tener en cuenta los nuevos contextos
to Saraceno16 atribuía hace pocos años a la Psiquiatría, ba- teóricos y prácticos en los que se plantea hoy la atención a
sada metafóricamente en la coexistencia del orden del estas personas7. Para ello hay que referirse a la evolución de
«padre», que cuida y protege, con el del «amo» (padrone, en las políticas en salud mental, que hemos resumido en otras
italiano), que regula la vida de los «esclavos», era muy vi- ocasiones en la transición entre los términos «locura»/«en-
sible en las instituciones manicomiales pero, aunque re- fermedad»/«ciudadanía», así como el paralelo desarrollo
sulte más difícil de percibir en los sistemas más modernos de modelos de atención comunitaria. Éstos, a diferencia
de atención, parece seguir teniendo algún papel también en
éstos.
Así, incluso en contextos donde los hospitales psiquiátri-
cos ya no existen, hay determinados momentos, tipos de in-
30 Rehabilitación psicosocial. 2007; 4(1):28-36

