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Evaluación del Riesgo de Suicidio
A mayor puntuación, mayor gravedad. Está disponible en – Angustia, desesperanza, abatimiento.
castellano, pero no en versión validada. (García-Portilla et – Verbalización suicida.
al., 2004). – Tentativas suicidas, conductas autolesivas.
– Verbalizaciones delirantes o alucinaciones que inci-
– Escala de Riesgo Suicida de Plutchik –RS–
(Plutchik et al, 1989b). tan al suicidio.
– Cambio en el funcionamiento cognitivo (distraibili-
Escala autoaplicada que evalúa el riesgo suicida valo-
rando intentos autilíticos previos, intensidad de la idea- dad, pérdida de concentración…).
ción actual, sentimientos de depresión y desesperanza y – Baja autoestima, autodesvalorizaciones.
otros aspectos relacionados con las tentativas. La puntua- – Comportamientos agresivos, irritabilidad, hostili-
ción total oscila entre 0 y 15. A mayor puntuación, mayor
riesgo de suicidio. Para la versión española los autores pro- dad.
ponen un punto de corte de 6. (Rubio et al., 1998b). – Dificultad para resolver problemas, déficit en habili-
5.2.2.2. Escalas de evaluación del acto suicida dades sociales.
Se propone la siguiente escala por estar disponible y En este caso también resulta muy útil contar con la
validada en castellano: colaboración familiar para obtener datos sobre el funciona-
miento de la persona en su ambiente natural. Para ello se
– Escala de Intencionalidad suicida – SIS– (Beck et al, debe informar y entrenar a las familias sobre las conductas
1974b). a observar, posibles indicadores de riesgo suicida; y sobre
el registro de las mismas.
Este instrumento heteroaplicado evalúa las característi-
cas de la tentativa suicida: circunstancias en las que se Con respecto a la auto-observación, en el caso de las per-
llevó a cabo (aislamiento, precauciones…), actitud hacia la sonas con riesgo de suicidio, la práctica clínica desaconse-
vida y la muerte, pensamientos y conductas antes, duran- ja el autorregistro de las ideas suicidas ya que ésto podría
te y después de la tentativa, consumo de alcohol u otras incrementar su frecuencia. Además, la sintomatología que
sustancias relacionado con la tentativa. Se trata de una presentan muchas de las personas con un trastorno esqui-
escala semiestructurada que consta de 20 items. zofrénico, hace que el registro de las conductas no se reali-
Proporciona una valoración de la gravedad de la tentativa. ce adecuadamente. En poblaciones de psicóticos, la validez
No existen puntos de corte propuestos. A mayor puntua- y fiabilidad de este método de registro es muchas veces
ción, mayor gravedad. cuestionable (Avia Aranda, 1991).
5.3. Observación y Auto-observación 6. Dificultades en la evaluación de la
conducta suicida
La observación de la conducta del usuario es, sin duda,
la técnica más utilizada y la que más información aporta a 6.1. Relacionadas con la complejidad del
los profesionales en los dispositivos de rehabilitación psi- propio concepto
cosocial. En los centros de día, comunidades terapéuticas,
centros de rehabilitación, etc., la interacción entre los pro- El comportamiento suicida es considerado por muchos
fesionales y los usuarios es prácticamente contínua. Esto autores como un continuo que va desde la ideación suici-
supone una ventaja a la hora de planificar la observación da hasta la tentativa y el suicidio consumado (Beck et al.,
del comportamiento del usuario, que se puede realizar, 1974a) (Diekstra, 1993) (Hernandez Martinez et al.,
bien en contextos naturales (durante actividades fuera del 2004).
centro, visitas domiciliarias…) o bien en contextos artifi-
ciales (rol-playing). Otros autores consideran que las conductas suicidas van
desde las autolesiones a los suicidios consumados. Éstas
Otra ventaja de esta técnica es que la pueden llevar a representan, desde un punto de vista transversal y clínico,
cabo todos los profesionales, previamente entrenados, que una urgencia vital de naturaleza aguda; sin embargo, desde
trabajan en este campo (monitores, auxiliares, enfermeros, una visión longitudinal, la expresión aguda de este fenó-
terapeutas ocupacionales, educadores, psicólogos, psi- meno viene a ilustrar la existencia de una pérdida crónica
quiatras…) lo cual enriquece y complementa la informa- de salud y estos cuadros clínicos presentan todas las carac-
ción sobre el comportamiento del usuario y, por tanto, terísticas que definen un trastorno de naturaleza crónica
permite adaptar las estrategias de intervención a cada caso (Fries, 1985; Rodríguez –Pulido et al., 2003). Desde esta
específico. perspectiva se considera el suicidio más como un síndrome
que como un síntoma; se trataría de un síndrome vago que
Se debe focalizar la observación en las conductas que es posible que comprenda un grupo de trastornos discre-
pueden indicar un aumento del riesgo suicida: tos, no reconocidos, que comparten una consecuencia mor-
tal común, aunque presentan, de hecho, diferente curso y
– Conductas distintas a las habituales (p.ej. forma de necesitan distintos tratamientos.
vestir, autocuidados, cambios en hábitos alimenta-
rios, cambios de estado de ánimo…). Otro aspecto que dificulta aún más la definición de este
fenómeno es que el acto suicida depende de múltiples facto-
– Tendencia al aislamiento, dificultad en las relaciones res, algunos son factores de riesgo estables y conocidos pero
sociales. otros son totalmente imprevisibles, de especial significado
para el paciente (Diekstra, 1987; Fremouw et al., 1990).
La mayoría de los autores se centran en el estudio de los
factores de riesgo «estables» y predecibles, pero otros
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