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Capítulo 18. Evaluación desde Rehabilitación
Psicosocial de Población Sin Hogar con Enfermedad
Mental

María Fe Bravo Ortiz, Fran Recalde Iglesias y María Isabel Vázquez Souza

Introducción                                                     ción. En este sentido, el desarrollo comunitario insuficiente,
                                                                 tanto a nivel de creación de recursos en la comunidad, como
   La existencia de un número creciente de personas con          en la escasa implantación de modos de trabajo más flexibles
trastornos mentales graves en las calles de muchas ciuda-        y ligados a la calle, sí puede considerarse uno de los ele-
des americanas fue uno de los hechos que a comienzos de          mentos que explican el fracaso en la prevención de la exclu-
los 80 hicieron saltar las alarmas y pusieron de manifiesto      sión dentro de los enfermos mentales.
la insuficiente coordinación y continuidad de cuidados del
sistema comunitario de salud mental desarrollado hasta           1. Personas sin hogar:
entonces, que dejaba fuera del sistema a aquellos enfermos            Concepto y definiciones
con más necesidades. Es este un tema crítico, tanto en lo
que se refiere a las políticas de Bienestar Social, como a los      La elección del término sin hogar y el de sin techo, supo-
procesos de Reforma Psiquiátrica, que resulta atractivo          ne un intento de apartarse de otras palabras con un matiz
para los medios de comunicación y que con frecuencia es          «negativo» o estigmatizador (vagabundo, mendigo...) y des-
utilizado en el campo de batalla ideológico, por lo que          cribe bien algunas de las circunstancias en las que trascurre
resulta sumamente difícil realizar un análisis del fenóme-       su existencia, como señala Vega12: «... el término sin hogar pen-
no de un modo más o menos objetivo. Y sin embargo, es            samos que recoge con más claridad las circunstancias en las que se
indudable que tanto la tasa de población sin hogar en su         desarrolla la vida de un gran número de personas... Esto es, habi-
conjunto, como la de personas con enfermedades mentales          tualmente encuentran un «techo» –ya sea en uno de los muchos
graves y crónicas dentro de ellos son indicadores de primer      albergues existentes en nuestro país, en una casa abandonada o,
orden a la hora de evaluar el impacto de las distintas polí-     incluso, en una pensión barata–, un techo ajeno y temporal, pero
ticas sociales y de salud mental1, 2.                            difícilmente encuentran un «hogar. Un «hogar» («un lugar
                                                                 donde vivir y de dónde yo tengo la llave»...) desde dónde reor-
   En las publicaciones americanas de las últimas dos            ganizar la propia historia y proyecto de vida personal»
décadas se recoge un incremento importante de esta pobla-
ción y en general se tiende a interpretar en relación con los       Dos son los aspectos básicos que, a nivel teórico, deben
procesos de desinstitucionalización3, con la ausencia del        de concurrir :
desarrollo de servicios adaptados a las necesidades de los
nuevos pacientes crónicos y con una política y filosofía de         ? Ausencia de un alojamiento adecuado y estable.
derivación de pacientes desde las unidades de agudos. Se            ? Marginación social, aislamiento y desvinculación
obvia en muchas de estas publicaciones la coincidencia en
el tiempo, más que con el descenso de camas psiquiátricas,              social y familiar.
con la introducción de políticas neoliberales en los años 80
que recortaban drásticamente las ayudas sociales y la pro-          Esto permite desde definiciones tan vagas como la de la
visión de vivienda barata o de plazas en albergues4. En un       Administración para la Salud Mental y el Abuso de
análisis realizado en distintos países europeos5 se observa      Alcohol y Drogas: «cualquier persona que carezca de un aloja-
que la situación con respecto al incremento o no de perso-       miento, recursos y lazos comunitarios»; hasta otras más restric-
nas sin hogar, y dentro de ellos de personas con enferme-        tivas que toman en cuenta aspectos del alojamiento y la
dad mental, es muy diferente de Estados Unidos y guarda          ruptura de vínculos sociales y de las dificultades de una
una estrecha relación con las políticas sociales y sanitarias    reinserción sociolaboral. Posiblemente, la definición más
de cada uno de estos países6, 4, 7, 8.                           extendida en nuestro medio sea la que propone FEANTSA
                                                                 (Federación de Asociaciones Nacionales que Trabajan a
   Se trata entonces de fenómenos complejos, que tienen          favor de las personas Sin hogar):»por persona sin hogar se
que ver con situaciones de desarraigo familiar y social,         entiende aquella persona incapaz de acceder y mantener una alo-
desempleo, pobreza severa, deterioro personal y social...;       jamiento personal adecuado por sus propios medios o con la ayuda
para los que los recursos existentes (sociales y sanitarios) no  de Servicios Sociales, así como aquellas personas que viven en ins-
logran aportar respuestas coordinadas y eficientes. La esca-     tituciones (hospitales, cárceles...) pero no disponen de alojamiento
sez de recursos intermedios, residenciales y de rehabilitación   personal donde ir al salir, y personas que viven en alojamientos
constituyen elementos claves en el proceso de marginaliza-       infrahumanos o en situación de claro hacinamiento»*. El em-

    * Bajo esta definición se podrían incluir una gran parte de los enfermos mentales graves que viven en la comunidad y son atendidos en los servicios de salud men-
tal de los diferentes distritos. Existen pues un gran número de personas con enfermedad mental en situación de riesgo o de clara exclusión social. Si bien están fuera de
la intervención de este equipo, aunque deberían de ser incluidas en estrategias de prevención.

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